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Rojo

Rojo, de Marc Cistaré

Normalmente, cuando vamos a la librería a regalarnos un libro, lo primero que observamos es su portada, su trama o su título. A veces rechazamos algunos solo por la cubierta —yo misma soy bastante culpable de eso— o por ciertas ideas preconcebidas que nos generan antes siquiera de abrirlos.

El libro que reseño hoy quizá tenga ese pequeño problema. Me refiero a «Rojo», de Marc Cistaré. Cuando publiqué la foto en Instagram la imagen recibió pocos «likes» y me temo que el título pudo influir en esa reacción. Por eso quiero empezar avisándoos: el título puede llevar a engaño.

El protagonista se llama Conrado Rojo Rojo. En la España de la posguerra, un país donde las palabras podían convertirse en condenas, llevar ese apellido —y no solo una vez, sino dos— no era precisamente una ventaja.

Ese detalle, que al principio puede parecer casi un guiño irónico, encierra en realidad una de las claves de la novela. Porque «Rojo» es una historia que juega constantemente con el contraste entre lo absurdo y lo trágico, entre la aventura y la dureza de un momento histórico que dejó cicatrices profundas.

Rojo, de Marc Cistaré

Desde sus primeras páginas la novela nos introduce en una España de posguerra áspera, oscura y profundamente herida. La guerra ha terminado oficialmente, pero sus consecuencias siguen presentes en cada gesto, en cada miedo y en cada silencio.

Conrado ha pasado la guerra trabajando como administrativo dentro del bando vencedor. No es un hombre especialmente valiente ni tampoco un ideólogo convencido. Más bien parece uno de esos personajes que intentan sobrevivir sin llamar demasiado la atención, instalados en esa zona gris donde muchos creyeron poder mantenerse al margen. Pero la historia, como tantas veces, no permite ese tipo de neutralidades.

El escenario principal es un campo de prisioneros donde se hacinan muchos de los derrotados del conflicto. Y es ahí donde la novela despliega una de sus mayores fortalezas: la creación de una atmósfera opresiva y sombría que refleja perfectamente el clima de aquellos años. No estamos ante un escenario meramente decorativo, sino ante un espacio donde la violencia, la miseria y la desesperación forman parte del paisaje cotidiano.

Cuando Conrado llega destinado al campo descubre una realidad que no esperaba encontrar. No imaginaba que dentro de su propio bando pudiera haber tanta brutalidad, tanta ignorancia y tanto abuso de poder.

Los presos sobreviven como pueden en condiciones durísimas. El hambre es constante y en algunos momentos llegan incluso a comer ratas asadas para poder seguir adelante un día más. Detalles como este transmiten hasta qué punto la dignidad humana queda reducida a lo mínimo. El campo de prisioneros funciona como un pequeño universo donde se reflejan las heridas de una España fracturada por la guerra entre hermanos.

Uno de los aspectos que más me ha gustado es la construcción de su protagonista. Conrado no es el típico héroe que se rebela contra la injusticia desde el primer momento. Al contrario: es un personaje lleno de dudas, contradicciones y temores, que se mueve constantemente entre su conciencia y la necesidad de sobrevivir dentro de un sistema muy injusto.

Ese retrato evita caer en el maniqueísmo. En «Rojo» no hay personajes completamente puros ni villanos de cartón piedra. Lo que encontramos es un abanico de actitudes humanas frente al poder: el oportunismo de quienes se adaptan al sistema, la brutalidad de quienes disfrutan ejerciendo autoridad y también la resistencia silenciosa de quienes intentan conservar algo de dignidad.

El campo es además un lugar donde conviven personas de muy distintos orígenes. No solo hay prisioneros españoles; también aparecen combatientes de otras nacionalidades que acudieron a la Guerra Civil para luchar por la República.

Entre los habitantes del campo, conoceremos a una mujer que es trabajadora pero no forma parte del ejército. Alicia Campo, uno de los personajes más interesantes de la novela. Alicia trabaja como traductora en el campo y es plenamente consciente de la brutalidad del sistema en el que vive. Su relación con Conrado aporta una dimensión muy interesante a la historia. Alicia intenta hacerle comprender algo que él tarda en aceptar: en ese lugar cuestionar la autoridad o intentar ver justicia donde solo hay castigo puede resultar fatal. Poco a poco Conrado empieza a comprender que las reglas del juego son otras.

Cuando finalmente cae en desgracia y pasa de guardia a prisionero, su situación se vuelve todavía más compleja. Los propios presos lo miran con desconfianza, incapaces de olvidar que formó parte del sistema que los vigilaba, mientras que los mandos del campo lo consideran un elemento incómodo. Conrado queda así atrapado en una tierra de nadie, rechazado por ambos lados.

Desde sus primeras páginas la novela nos introduce en una España de posguerra áspera, oscura y profundamente herida.

Entre los personajes más inquietantes destaca el coronel Ramos, que representa la cara más brutal del poder en el campo. Es un personaje profundamente siniestro, un hombre que ejerce la autoridad con sadismo e impunidad, llegando incluso a convertirse en un depredador que utiliza su posición para abusar de quienes están completamente indefensos. Frente a él aparecen figuras como el maestro, que encarna una forma de resistencia silenciosa: alguien que intenta preservar algo de humanidad en medio del desastre.

La novela incorpora además un plan de fuga que introduce tensión y una pequeña esperanza dentro de un entorno dominado por la desesperación.

Uno de los aspectos que más me sorprendió fue el tono de la novela. Cistaré introduce momentos de humor, situaciones casi grotescas y personajes que rozan lo caricaturesco. Al principio tengo que reconocer que ese tono me generó cierto rechazo. No suelo tomarme a risa desgracias como la Guerra Civil española o sus consecuencias. Pero con el avance de la lectura entendí que, en algunos momentos, esa ironía sirve precisamente para subrayar lo absurdo de determinadas situaciones.

A veces la historia, y especialmente los sistemas autoritarios, tiene algo profundamente grotesco, y la novela parece muy consciente de ello. Además, el ritmo narrativo es muy ágil. Los capítulos son dinámicos, los diálogos abundan y muchas escenas tienen un carácter muy visual, lo que hace que la historia avance con facilidad.

Tengo que reconocer que «Rojo» ha sido una de esas lecturas que me han sorprendido muy gratamente. Es una novela que se lee con enorme facilidad, con una trama que engancha y unos personajes que funcionan muy bien dentro de un contexto histórico complejo.

Pero más allá de su ritmo y de su capacidad para atrapar al lector, lo que más me ha gustado es esa mezcla de ironía, aventura y reflexión histórica. Cistaré consigue acercarse a un periodo difícil sin caer en el tono solemne ni en el didactismo, y eso hace que la historia resulte aún más efectiva.

«Rojo» es una novela muy disfrutable, con personalidad propia y con un protagonista lleno de matices. Una historia que combina entretenimiento y mirada histórica con bastante acierto. Y quizá ahí esté una de sus mayores virtudes: recordarnos que la guerra puede terminar oficialmente, pero sus heridas continúan marcando a las personas durante mucho tiempo. Novela muy recomendada.

Como viene siendo habitual, Grijalbo nos ofrece un fragmento de la novela en este enlace de su web.

 

FICHA TÉCNICA

Portada
Título: Rojo
Autor/a: Marc Cistaré
Editorial: Grijalbo
Páginas: 416
Año de edición: 10/2025
Precio: 21,75€ Cartoné / 9,49€ eBook
ISBN: 978-8425371578

 

Marc Cistaré

Marc Cistaré

, , España

Es un conocido guionista, creador y productor ejecutivo que ha trabajado en series tan populares como Los hombres de Paco, Vis a vis o El barco. Ha recibido galardones nacionales e internacionales por creaciones como La víctima número ocho Las Pelotaris 1926.

Con cerca de doscientos guiones a sus espaldas, Cistaré debuta ahora en la narrativa con Rojo.

Fuente de la imagen de Marc Cistaré: penguinlibros.com