Herejía
En «Herejía», de S. J. Parris, encontramos a Giordano Bruno, quien fue cosmólogo, teólogo, matemático, filósofo y poeta italiano. Este hombre afirmaba que el sol era simplemente una estrella y que el universo era infinito y, por tanto, debían existir otros mundos. Siendo monje dominico tuvo que huir de la persecución de la Inquisición, que le acusó de herejía. Vamos, que no estamos precisamente ante un hombre que pasara por el mundo sin hacer ruido.
Es en este momento, en 1583, cuando S. J. Parris lo adopta para dotarle de la sapiencia de un investigador y espía en Oxford, bajo el reinado de Isabel I. Y tengo que decir que la elección del personaje no puede ser mejor, porque estamos ante un hombre que ha huido, que ha vivido en distintos lugares, que sabe perfectamente lo que significa despertar sospechas y que, además, posee una curiosidad que no le permite quedarse quieto cuando algo no encaja.
Giordano llega a Oxford para debatir sobre el universo copernicano con el rector del Lincoln College. Pero no solo está allí para eso. Aprovechando el viaje quiere encontrar un manuscrito herético que quizás se salvara de la destrucción de bibliotecas y monasterios que hubo en Inglaterra y, ya de paso, cumplir un encargo de sir Francis Walsingham: investigar una conspiración católica. Poca cosa.
Lo cierto es que Giordano no podía haber llegado en un momento más complicado. Inglaterra vivía bajo el reinado de Isabel I, la reina Virgen, una mujer a la que estamos acostumbrados a ver retratada como una de las grandes soberanas de la historia inglesa. Y seguramente lo fue, pero eso no significa que su reinado fuera un tiempo amable, ni mucho menos.
La religión se había convertido en una cuestión de vida o muerte. Después de los cambios iniciados por Enrique VIII, Inglaterra había pasado en pocas décadas de un lado a otro y quienes profesaban la fe equivocada podían encontrarse en serios problemas. Con Isabel I en el trono, los católicos vivían bajo sospecha y cualquier posible conspiración era vigilada muy de cerca.

Y aquí tenemos una de las cosas que más me han hecho pensar durante la lectura. Giordano Bruno había huido de la Inquisición católica por hereje y llega a una Inglaterra protestante donde son los católicos quienes sufren la persecución. Cambian los perseguidores y cambian los perseguidos, pero al final siempre hay alguien dispuesto a decidir qué debe creer el otro. No sé, pero a mí esto me parece terrible.
En este ambiente aparece sir Francis Walsingham, uno de los hombres de confianza de Isabel I y encargado de una red de espionaje que ya quisiera para sí más de un servicio secreto moderno. Agentes, informadores, cartas interceptadas y mensajes cifrados formaban parte de un mundo en el que nadie se fiaba de nadie y, desde luego, no faltaban motivos para ello. Así que allí tenemos a nuestro Giordano, en Oxford, buscando un manuscrito, investigando una posible conspiración e intentando debatir sobre el universo mientras, por supuesto, acaba metiéndose en problemas.
Antes de que tenga lugar el debate, uno de los profesores aparece muerto después de haber sido atacado por un perro hambriento. Muchos quieren creer que ha sido una fatídica desgracia; Giordano piensa que ha sido un asesinato. Después de esta vendrán otras muertes y Giordano acabará encontrando paralelismos con la muerte de varios mártires.
A partir de aquí yo ya estaba dentro, porque una de las cosas que mejor hace S. J. Parris es conseguir que todos parezcan sospechosos en algún momento. Nadie cuenta todo lo que sabe. Cada uno tiene sus secretos, sus miedos y sus motivos para callar. Y Giordano, que será muchas cosas pero desde luego no sabe estarse quieto, empieza a hacer preguntas y a moverse por un Oxford en el que cada respuesta parece abrir una nueva incógnita.
Al principio me costó meterme en la historia y, si os cuento el motivo, quizás os parezca absurdo. La novela comienza bien, la época es muy atractiva y la narración te va atrapando, pero a mí me dio por pensar que yo sabía lo que le iba a deparar el futuro al pobre Giordano, que yo sabía más que él y que el hombre era ignorante de lo que sufriría. Y se me puso como un nudo en la garganta que me impedía seguir leyendo. Una empieza una novela de misterio tan tranquila y acaba sufriendo por un hombre que murió hace más de cuatrocientos años.
Menos mal que no tardé mucho en querer disfrutar y dejé el incomprensible pasado donde debe estar. O eso intenté, porque, aunque conseguí meterme por completo en la historia, aquella idea siguió apareciendo de vez en cuando. Yo sabía lo que él no sabía y eso, aunque parezca una tontería, ha cambiado mi forma de leer esta novela. Porque ves a Giordano caminar por Oxford, discutir, investigar, defender sus ideas y meterse en un lío detrás de otro y no puedes evitar pensar en el futuro. En su futuro. En todo lo que todavía le queda por vivir y, sobre todo, en todo lo que le queda por sufrir.
…allí tenemos a nuestro Giordano, en Oxford, buscando un manuscrito, investigando una posible conspiración e intentando debatir sobre el universo mientras, por supuesto, acaba metiéndose en problemas.
«Herejía» es un libro de 504 páginas que ya llevaba tiempo esperando su lectura en mi estantería, pero yo llevo dos años que, entre unas u otras razones, no levanto cabeza y ahora que me he sentido más relajada me he puesto con su lectura, la cual me ha durado muy poquito, ya que la he leído con avidez.
¡Cuánto necesitaba una lectura así! Una de esas novelas que consiguen que estés deseando volver a ellas, que mires el libro y pienses que vas a leer un capítulo y, cuando te quieres dar cuenta, llevas un buen rato en Oxford y no tienes ninguna intención de regresar.
Me he divertido mucho caminando por las calles de Oxford en las lluviosas mañanas o metiéndome por los callejones en las noches oscuras. He disfrutado de sus colleges, de las bibliotecas, de los patios, de las tabernas y de esa sensación de que cualquier esquina puede esconder algo.
La ambientación me ha parecido maravillosa, pero no porque la autora se dedique a describirlo todo durante páginas y páginas. Precisamente una de las cosas que más me han gustado es que no lo hace. Oxford aparece mientras la historia avanza. La ves, la recorres y casi sientes la humedad de sus calles sin necesidad de que nadie detenga la trama para explicarte cómo es cada piedra.
El estilo de la autora es destacable. Mantiene el interés y ofrece solo los detalles justos sin cargar la trama con un exceso de datos, algo que yo agradezco muchísimo porque, en ocasiones, algunas novelas históricas parecen empeñadas en demostrarnos todo lo que el autor ha investigado. Aquí no ocurre. S. J. Parris sabe mucho de la época, eso se nota, pero no necesita recordárnoslo cada cinco páginas. La Historia está ahí, sosteniendo la novela sin pesar sobre ella, y creo que ese equilibrio entre una trama absorbente y un periodo histórico fascinante es uno de sus grandes aciertos.
Sus personajes son irrepetibles, bien desarrollados e inolvidables.
Desde este mismo momento me considero seguidora de esta serie. He disfrutado mucho de la historia y de sus personajes: el herético Giordano, que no se quitará el sambenito ni siquiera en tierras inglesas; el flemático rector del College, Underhill; la bella Sophia, metida en una urna de cristal desde que su hermano falleciera en terribles circunstancias; el encuadernador Jenkes; el Desorejado… Todos los personajes están creados para cumplir con sus papeles de una manera extraordinaria.
Giordano me ha gustado muchísimo. Es inteligente, observador y culto, pero también tiene una facilidad extraordinaria para meterse donde no le llaman. No puede evitarlo. Si algo no encaja, necesita saber por qué; si alguien le dice que no haga preguntas, probablemente hará dos; y si una puerta está cerrada, ya podemos imaginar quién va a intentar averiguar qué hay detrás.
Además, me gusta que no sea perfecto. Se equivoca, se precipita, confía cuando no debe y desconfía cuando quizás no toca. Tiene orgullo y también miedo, y todo esto hace que resulte mucho más humano. Quizás sea precisamente esa mezcla la que consigue que olvidemos por momentos que estamos ante un personaje que existió realmente y aceptemos con toda naturalidad al investigador que Parris ha creado a partir de él.
Sophia también me ha parecido un personaje muy interesante. Esa joven a la que su padre parece querer mantener apartada del mundo, encerrada en una urna de cristal desde la muerte de su hermano, va mostrando poco a poco que tiene mucho más que decir de lo que podría parecer al principio. Y luego están los demás, porque incluso los personajes secundarios tienen algo: una forma de hablar, una rareza, un secreto, una presencia. Parris consigue que Oxford parezca lleno de personas que podrían estar mintiendo y yo, que soy muy bien pensada, he sospechado prácticamente de todos. Con algunos acerté y con otros, ni de lejos. Y hasta aquí puedo contar.
Pero si hay algo que me ha sorprendido de verdad ha sido descubrir el triste y macabro final que sufrieron muchos católicos en época isabelina. Unas torturas terribles y unas muertes agónicas que llevaban la firma del poder de la reina Virgen. Yo conocía la persecución de los católicos en Inglaterra. O creía conocerla. Porque una cosa es saber que existió y otra muy distinta leer determinadas escenas y acabar buscando información porque no puedes creer que aquello fuera realmente así. Y sí, lo era.
No voy a entrar en demasiados detalles porque tampoco quiero convertir esta reseña en una clase de Historia (Dios me libre), pero os aseguro que algunas de las formas de ejecución me han dejado helada. No bastaba con matar; había que hacer sufrir, convertir la muerte en un espectáculo y conseguir que quienes miraban entendieran perfectamente lo que podía ocurrirles.
Y entonces vuelves a pensar en Giordano, en ese hombre que huyó de la Inquisición, en ese hereje, en ese antiguo monje que llega a Inglaterra y descubre que allí también se persigue, se tortura y se mata en nombre de la religión y del poder. Solo que ahora las víctimas son otras.
No sé si S. J. Parris pretendía que yo pensara tanto en esto, pero lo he hecho y quizás sea una de las razones por las que la novela me ha gustado tanto. Porque «Herejía» me ha entretenido muchísimo, sí. Tiene asesinatos, misterio, espionaje, conspiraciones, libros prohibidos, secretos y un protagonista extraordinario, pero además me ha hecho buscar. Y eso, quienes me conocéis, sabéis que para mí es una de las mejores cosas que puede conseguir una novela histórica. He buscado a Giordano Bruno, he leído sobre Walsingham, he querido saber más sobre la persecución de los católicos y he investigado algunas de las muertes que aparecen mencionadas. Incluso he terminado algún capítulo para descubrir, un buen rato después, que llevaba media hora saltando de una página a otra porque necesitaba saber si aquello que acababa de leer había ocurrido realmente.
Cuando un libro consigue eso conmigo, ya me tiene ganada.
En resumen…
«Herejía» ha sido una lectura magnífica. Una novela de más de quinientas páginas que me ha durado poquísimo y una historia que empezó costándome por un motivo completamente absurdo para terminar consiguiendo que no quisiera salir de ella.
Me han atrapado el misterio, la ambientación y sus personajes. Me ha gustado muchísimo esa mezcla entre realidad y ficción que consigue que, durante unas horas, olvidemos que estamos leyendo sobre un hombre que existió realmente. Y, sobre todo, me ha gustado Giordano.
Por suerte, esta es la primera novela de una serie y yo voy a seguir. Quiero volver a encontrarme con él, saber dónde lo llevará S. J. Parris, verle investigar nuevos misterios, meterse en nuevos problemas y seguir defendiendo unas ideas que hicieron de él uno de los hombres más fascinantes de su tiempo.
Aunque sé que habrá algo que me acompañará durante toda la serie: ese conocimiento que él no tiene.
Temblando me dejó una frase de las últimas páginas. Cuando el condenado mira a Giordano y le dice:
“Algún día estaréis donde yo estoy ahora”.
Y yo, como lectora, volví a sentir aquel nudo del principio. Porque Giordano no lo sabe. Pero nosotros sí.
FICHA TÉCNICA
| Título: | Herejía |
| Autor/a: | S.J.Parris |
| Traductor/a: | Fernando Gari Puig |
| Editorial: | Ático de los Libros |
| Páginas: | 504 |
| Año de edición: | 04/2025 |
| Precio: | 23,70€ Cartoné / 8,54€ eBook |
| ISBN: | 979-1387592011 |
S. J. Parris
1974, Surrey, Reino Unido
S. J. Parris es el seudónimo de Stephanie Merritt, que empezó a reseñar libros para periódicos de ámbito nacional mientras estudiaba literatura inglesa en el Queens’ College de Cambridge. En 1999 se convirtió en redactora literaria adjunta de The Observer y hoy en día sigue trabajando como crítica y articulista para The Guardian y The Observer. También ha participado en varios programas de radio y es presidenta y presentadora habitual del Hay Festival y el National Theatre. Ha sido jurado del Costa Biography Award, el Orange New Writing Award y el Perrier Comedy Award. Es autora de la serie de novelas de Giordano Bruno, así como de las novelas Storm, While You Sleep, Real y Gaveston. Vive en el sur de Inglaterra con su hijo.
Fuente de la imagen de S. J. Parris: aticodeloslibros.com








